Firma Invitada: La Voz del Territorio

Por Emilio Araya
Fantasía Austral

El momento que vive la literatura fantástica chilena ha puesto sobre la mesa el imaginario colectivo de nuestra nación y nuestra cultura. Escribimos sobre Chile desde una simbología telúrica, tratando de rescatar los mitos que nos pertenecen, para así poder pagar la deuda histórica que tenemos con la realidad metafísica del continente. Abundan los Traucos, Basiliscos, las Pincoyas y las Machis, las historias del campo y de la ciudad desconocida. De este modo, abrimos una ventana que nos permite respirar aire fresco y, a la vez, llenarnos los pulmones con los ecos del pasado.

En la mayoría de casos que conozco, el diálogo de los autores con el territorio es explícito. La tremenda aceptación de la ucronía como instrumento para reformular el Chile de todos los días es una prueba contundente de esta tendencia. Como muestra, Jorge Baradit hace un trabajo notable al reformular el pasado reciente valiéndose de SYNCO. Después, vuelve a repetirse el plato con Kalfukura, libro que reinstala la riqueza de nuestro vapuleado y humillado semillero mitológico.

En este último libro en particular es donde más se aprecia la noble iniciativa de rescatar nuestros relatos fundacionales del calabozo de los textos escolares. Aunque imperfecto y (en mi opinión) bastante defectuoso, el libro que relata las aventuras de Leonardo Caspana es fiel a su propósito. Kalfukura es tremendamente explícito a la hora de afirmar: “este es el Chile mágico, que a nadie le quepan dudas”. El problema es que por esa misma desnudez de intenciones el desarrollo de las figuras mitológicas es vago y en ocasiones anémico. Las referencias al bestiario local no pasan de ser una nota al pie. No hay una re creación del mito. Sólo se lo menciona o, cuando mucho, vuelve parte de la atmósfera. El libro de Baradit es como una grúa que baja a lo profundo para poner las piezas sobre el tablero.

Sin embargo, todavía adolecemos del monstruo que se encargue de refundar la mitología chilena. Todavía somos incapaces de trascender el valor accesorio del imaginario chilensis. Hemos estado demasiado ocupados encontrándole un nicho como para dedicarnos a trabajarlo desde una perspectiva que vaya más allá de lo referencial. Tenemos que abandonar la expresión explícita de los símbolos autóctonos para recrearlos desde lo secreto. No afanarnos, para dejar que el tesoro salga a flote por sí solo y por si mismo. Qué importa si los nombres que elegimos son distintos, si el espacio es un Chile inventado o un mundo que nunca fue Chile. Las imágenes fundamentales tienen un valor intrínseco. No necesitan de nuestro proselitismo para que emerjan victoriosas. Hay que abandonar la idea de desempeñarnos como voceros de la tierra. Hay que dejar que ella hable sola. En otras palabras, abandonar la esclavitud del provincianismo. Crear más allá de todas las fronteras.

EAB, 2011

Escritor, estudiante de letras, columnista de aFICCIÓN.cl y oriundo de Osorno, es autor de la novela corta Schmetterlinge (Forja, 2010) y una de las fuerzas vivas en la fantasía, dirige el espacio virtual de Fantasía Austral, donde poco a poco comienza a refundarse la fantasía épica chilena.

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