El marciano más bello, por Luis Saavedra

En la exposición que se hizo en su homenaje, todos los ítems exhibidos sobre Klaus Nomi fueron arrebatados por enardecidos fanáticos. Para su funeral, orquestó una tormenta de ésas que se ven en “Cumbres Borrascosas” y una dama de capa negra lloró sin consuelo sobre su féretro. Falleció de SIDA el 6 de agosto de 1983 como una de las primeras víctimas famosas, abandonado y temido por sus más cercanos. Un día antes, su amigo Joey Arias tuvo un sueño con él en dónde Nomi volvía a cantar; Ariasle decía: “Ahora tú serás el Fantasma de la Ópera” y él respondía: “Sí, posiblemente”.

Le oí cantar en un video de Youtube la primera vez, viniendo desde una bitácora de cultura psicotrónica. Lo primero que uno observa impactado es su figura de blanco y negro que es imposible de reducir, aunque tomo prestado las palabras de su director musical, Kristian Hoffman“Klaus fue un rostro de duende, pintado como un robot Kabuki. Fue un estilo: una interpretación medieval del siglo 21 pasando por el Berlín de 1929. Fue una voz, casi inhumana en variación, desde el soprano operático hasta el general prusiano.” Y luego está su voz, una voz de serafín agudísima que no puede salir de ese cuerpo esmirriado vestido de marciano.

Klaus Sperber siempre quiso cantar y, en su infancia, con las monedas que su abuela le daba, compraba discos de ópera. Todo por culpa de María Callas, con quien creía estar conectado de una manera mágica. La vez que ella fue a cantar a su ciudad, Klaus saltó al escenario para conocerla, aunque muy brevemente.“Fue como un incendio dentro de mí”, declararía después. Al otro día, se hizo la promesa de cantar profesionalmente y contrató los servicios de una profesora de canto. De Alemania pasó a Nueva York y en 1972, durante la presentación de una versión gay de“Das Rheingold”, de Richard Wagner, apareció por primera vez el extraterrestre bicolor. Nomi es un anagrama de “Omni”, la revista de ciencia ficción y temas afines que por ese entonces le había capturado la imaginación. Pero la alegoría también servía para representar su soledad ante una sociedad que no aceptaba su homosexualidad.

Pero el marciano tenía una agenda muy concreta dentro de la escena del new wave de los 1970’s y 1980’s, forjar un nuevo status de canto a través de la ópera y la música pop. Su maestro Ira Stiff lo deja bien en claro: “Es la única persona que dio sentido a la mezcla (…) y que comprendía ambos estilos y los hizo funcionar conjuntamente. Llevó su voz a sonidos y lugares lejanos, que la gente jamás había escuchado antes.” Su primer disco es de 1981 e incluye “The Cold Song”, de Henry Purcell, una pieza de difícil ejecución que demuestra el control sobre sus capacidades, y su alienígena versión de “The Twist”, de Chubby Checker. Vendría su segundo álbum, en 1982, siempre mezclando lo que nunca se había mezclado, bajo el sello de su voz y estética. Y luego “Encore” y un disco de presentaciones en vivo que resulta simplemente delicioso. Si solo fuera por estos registros, Nomi tendría que ser elevado a esas rarezas genéticas que llamamos genios, pero era más ambicioso y quería producir una ópera completa y moderna. Mala suerte: tuvo que marchar de la Tierra antes de completar este deseo. Sin embargo, sus acólitos lanzaron en 2007, el día de su cumpleaños número 64 (24 de enero), “Zak Bakdaz”, un disco de grabaciones de Klaus Nomi en una óptica completamente diferente, una space opera llena de kitsch con el aire de 1979. La primera sorpresa: es un registro fresco que suena sin chirridos, la segunda: es su obra maestra. Klaus Nomi, ese hermoso marciano que nos visitó, nos dejó este huevo de pascua para que lo abriéramos hoy y fuéramos colonizados con su amor interestelar. ¿Habrá algún terrestre que se resista? ¿Qué sentido tiene hacerlo?

Fuentes: Wikipedia, The Village Voice, Cinematografia.cl

Luis Saavedra Vargas nació en 1971 en Santiago de Chile. Siempre se interesó en lo fantástico por su estética de colores chillones y luminosos y sus monstruos siempre enfurecidos con buen gusto por las mujeres. Dice que su casa es Poliedro y se siente orgulloso de este colectivo de escritores. Escribe cuentos de vez en cuando y el resto del tiempo prefiere dormir como lirón o comer como sabañon.

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